Dos inmigrantes que viven en santuario: “No es nada fácil”

PHOENIX – Ismael Delgado y Sixto Paz viven en una área de Phoenix que parece un paraíso. Por la mañana se escuchan los pájaros y se respira la pureza del aire distante de la ciudad. Desde un balcón tienen vista a la montaña que en plena primavera está cubierta del amarillo y verde de las flores silvestres.

Aunque recuerda a un sitio vacacional ellos no están tomando unas vacaciones, ni tampoco disfrutan de este lugar con su familia como si fuera su hogar. En cambio están allí porque es un santuario.

Delgado de 46 años y Paz de 48 años han vivido en los Estados Unidos sin documentos por varias décadas. Al recibir una carta de deportación, los dos pidieron protección a la Iglesia Unida Shadow Rock para no ser separados de sus familias y poder resolver sus casos desde los Estados Unidos.

Pero la vida en un santuario, dicen ellos, no es nada fácil.

“A veces no puedes ni dormir, porque no trabajas, te preocupas por tu familia, te preocupas porque dejaste tu trabajo y tu casa. Dejaste todas esas cosas”, dijo Paz, quien esperaba estar en santuario sólo dos meses y ya lleva diez.

Pero el no poder proveer para sus seres queridos no es la única preocupación que enfrentan estos dos padres mexicanos. El estar encerrados por tanto tiempo los ha puesto al punto de rendirse en muchas ocasiones. Paz y Delgado dicen que su fé ha sido su salvación.

“Contadas las veces que quiero decir ‘ya me voy’. Me voy para mi casa y esperar a que me agarren. Pero como estamos cerca de Dios, cerca del señor Jesús Cristo y hacemos oración eso nos da fortaleza”, dijo Delgado quien ya lleva un año medio en la iglesia.

Tienen casos diferentes: Delgado tenía un antecedente penal que le costó su permiso de trabajo, mientras que a Paz lo detuvieron en un operativo de inmigración, conocido en inglés como “check-point.”

“Me soltaron bajo palabra. No tuve que pagar nada porque no tengo una felonía. Mi record está limpio”, dijo Paz.

Sin embargo, debido al arresto al que él fue sujeto, se emitió una orden de deportación dejándolo así solo con una opción: buscar refugio en este santuario.

Cada dos semanas las familias de ambos vienen a visitarlos y pasan tiempo juntos. Su vida es rutinaria. Por las mañanas toman café y salen a caminar por la montaña. Para no aburrirse, juegan al pool o al tiro al blanco.

Pese a estar en un santuario, Paz y Delgado no se esconden. Ellos dicen que el publicar sus historias puede ayudar a fortalecer a personas que estén en una situación similar preguntándose qué deben hacer después de recibir una carta de deportación.

“Esta situación que estamos pasando no es cualquier cosa. Es algo bueno. Algo bueno que viene para nosotros. Siempre cuando la tempestad está fuerte llega el momento de que va a bajar. Y es cuando nosotros vamos a ver la victoria”, dijo Delgado.

Las personas que reciben una carta de deportación deben pensar que decisión tomar, aconsejó Paz.

“Es mejor darse como un retiro espiritual a un lugar como donde estamos nosotros. Así desmenuzamos mejor nuestros pensamientos y sentimientos y nos abrimos a una mentalidad más positiva”, dijo Paz.