Bebes hijos de adictos sufren de síndrome de abstinencia

PHOENIX – Laianna Denny nació adicta a la metadona, con sus pequeños brazos temblorosos y su cuerpo sacudiéndose debido al fármaco que su madre usó para combatir su adicción a la heroína. Era el 19 de diciembre de 2015 y la bebé tenía solo unas horas de nacida.

“Tener un bebé es algo que te crea un mundo totalmente diferente. Cuando ves a ese bebé, te enamoras de inmediato”, cuenta Carissa Denny, la madre de Laianna. “Verla pasar por la abstinencia y por esos síntomas físicos… Mi niña lloraba todo el tiempo, y ver a ese pequeño e inocente pedacito de vida que creé luchar y ser absolutamente miserable por mi culpa, por algo que yo hice, fue simplemente…ni siquiera puedo describirlo en palabras…es horrible”.

Meses antes, en julio, Carissa Denny se hallaba afuera de una caravana, vomitando. Pensó que se sentía mal por falta de droga, que estaba pasando por un periodo de abstinencia, así que se inyectó más heroína, una y otra vez, tratando de apaciguar su enfermedad. Además de enferma, estaba embarazada.

Pero incluso con la heroína, su malestar no cesó. Más tarde, en el hospital, fue diagnosticada con septicemia y una vesícula biliar infectada. Mientras se encontraba en la unidad de cuidados intensivos del hospital, los médicos comenzaron a administrarle metadona, una droga de reemplazo de opiáceos utilizada para tratar los síntomas de la abstinencia en drogadictos sin darles la adictiva experiencia.

En mujeres embarazadas, se utiliza para asegurar que el feto tenga un ambiente relativamente estable durante el embarazo. Dejar de golpe la heroína y otros medicamentos de venta con prescripción médica puede derivar en una pérdida del embarazo.

“Sabía que si seguía consumiendo heroína, mi bebé no moriría; sin embargo, existía un riesgo potencial de que ella muera si dejaba de consumirla. Además, es imposible dejarla así nada más,” señaló Denny, cuya adicción a los opiáceos comenzó en el año 2011 después de que se rompió los tobillos en un accidente automovilístico y se le recetó Percocet.

“No quería tener al bebé en la cárcel o la prisión, ni nada por el estilo, pero, a la larga, sencillamente me rendí”, dijo. “Yo decía, ‘Necesito ayuda. No puedo hacer esto. No puedo seguir drogándome. Estoy exhausta. Voy a morir si no recibo ayuda. No me importa si voy a la cárcel o lo que sea’”.

Denny descubrió que estaba embarazada mientras vivía en un Motel 6 en Mesa con su novio, el papá de su bebé en camino. La mamá de su novio, una prostituta, también vivía en la habitación. Tres semanas después, las autoridades arrestaron y encarcelaron al novio de Denny. A ella se le buscaba por violación de libertad condicional.

Tara Spillman pasa tiempo con su recién nacido, Maxton, en una unidad de cuidados intensivos neonatales en el Sistema de Salud Integrada de Maricopa. El niño nació mientras la madre se encontraba en custodia. (Foto de Johanna Huckeba/Cronkite News)

La exposición de un bebé a los opiáceos y otras drogas en el útero, y su subsecuente abstinencia, se denominan Síndrome de Abstinencia Neonatal (NAS, por sus siglas en inglés). En Arizona, la tasa de NAS ha aumentado en más del 218 por ciento entre el 2008 y el 2014, según el Departamento de Servicios de Salud de Arizona. También puede llevar a una muerte súbita e inesperada del lactante, retrasos en el desarrollo y problemas de aprendizaje.

Los bebés que nacen adictos a la metadona deben desintoxicarse de la droga y experimentar los síntomas de la abstinencia del mismo modo en que lo haría un adulto. Presentan un llanto agudo, vómitos, diarrea, temblores, excoriaciones, sudor, falta de crecimiento, alimentación deficiente y, en casos extremos, incluso convulsiones, indicó el Dr. Nathan Lepp, un neonatólogo de Phoenix.

Denny dio a luz a Laianna en el hospital Abrazo Central Campus en Phoenix. Con un peso que escasamente superaba las 6 libras, pelo rubio claro, piel blanca como la nieve y ojos azules cristalinos, Laianna se ganó el sobrenombre de “princesita”.

A pesar de ser pequeña, Laianna no era, en nada, como los demás bebés en la unidad de cuidados intensivos neonatales, quienes habían nacido muy tempranamente o con problemas médicos serios. Laianna padecía dolor, pero, por lo demás, se encontraba relativamente sana.

Ese es el caso con muchos bebés que sufren NAS, dijo Lepp. En la ajetreada Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) en el Centro Médico de Maricopa en Phoenix, Lepp se encuentra tratando a cuatro bebés con NAS – un número que no es inusualmente alto. El número más alto de bebés que ha tratado al mismo tiempo es 15.

El Dr. Nathan Lepp, un neonatólogo de Phoenix que forma parte del Sistema de Salud Integrada de Maricopa manifestó que los bebés que padecen del Síndrome de Abstinencia Neonatal son “un reto desde el punto de vista emocional para muchos de los que tienen a cargo su cuidado”. (Foto de Johanna Huckeba/Cronkite News)

Mientras Lepp se pasea por la UCIN, las enfermeras que se encuentran cuidando de las cunas elevadas y cubiertas lo saludan. En la sala, las luces son tenues y se escucha el sonido de los monitores. Una enfermera se apresura a cambiar la ropa de un pequeño bebé para que este no se enfríe. Le pone un sombrero a rayas rojas, azules y blancas, cuyo tamaño no es ligeramente más grande que el de una pequeña naranja.

Lepp señala a los cuatro bebés con NAS. No lucen en absoluto como aquellos bebés prematuros conectados a ventiladores que yacen en las camas cubiertas. Son recién nacidos de tamaño promedio, envueltos de forma ceñida; algunos miran alrededor de la sala, viendo a las enfermeras ir y venir.

“Nuestra sala está diseñada para el cuidado de bebés enfermos conectados a ventiladores, bebés prematuros o bebés con problemas quirúrgicos. La mayoría de UCIN no están diseñadas para el cuidado de un bebé que está alerta, activo y totalmente desarrollado, que solo está llorando y padeciendo la abstinencia”, manifestó. “Estos bebés pueden experimentar estos síntomas, lo que puede perturbar mucho la sala, ya que se trata de bebés que requieren mucha atención y no necesariamente podemos asignarles una enfermera exclusiva a cada uno”.

El drástico incremento de NAS no solo ha forzado a las UCIN a adaptarse, sino que también ha representado una carga para el Sistema de Contención de Costos del Cuidado de la Salud (Health Care Cost Containment System) de Arizona, el que ha corrido con los gastos del 76 por ciento de recién nacidos expuestos a narcóticos desde el 2008 hasta el 2014, según la base de datos de alta hospitalaria del Departamento de Servicios de Salud de Arizona.

En el año 2012, el costo del tratamiento de NAS en una UCIN a nivel nacional era de $66,700 por paciente, con una estancia hospitalaria promedio de 17 días aproximadamente, en contraste con los $3,500 y la estancia promedio de 2.1 días para los bebés que no sufren de NAS, de acuerdo con el Instituto Nacional de Abuso de Drogas.

“Ha sido un gran desafío y puede ser un reto muy grande desde el punto de vista emocional para el personal porque es desgarrador para todos nosotros quienes cuidamos de los bebés verlos pasar por la abstinencia,” señaló Lepp. “Podemos administrarles narcóticos y eso ayuda, pero solo el hecho de verlos sufrir tanto es un desafío emocional realmente grande para muchos de los que cuidan a los bebés, tanto las enfermeras como el resto del personal, porque a nadie le gusta ver a un bebé sufrir de ese modo”.

Katherine Davis, una enfermera licenciada que trabaja en el Abrazo Central Campus, trabajó con recién nacidos expuestos a drogas en los años ochenta. A medida que ella y las demás enfermeras vieron la llegada de más y más bebés con NAS, se dio cuenta de que era necesario dejar de juzgar y de que había que empezar a mostrar más compasión en las UCIN.

“Me enfoco en el hecho de que es una enfermedad, de que quizás estas jóvenes nunca tuvieron una oportunidad”, comenta Davis. “Enfócate en los hechos, deja tus emociones de lado, solo apégate a los hechos como lo harías en cualquier otra situación. Es tan profundo para nosotros porque se trata de un bebé y piensas: ‘ella debería haber sabido que lo que hacía estaba mal, ¿cómo pudo hacerlo?’ – Esas son emociones.”

El consumo de fármacos de venta con prescripción médica ha crecido exponencialmente en los últimos 25 años, lo que ha llevado a un incremento constante de NAS, indicó Lepp.

“Todos los estados se han visto afectados y considero que ese también es un mensaje muy importante. Esta es una epidemia que nos afecta a todos,” añadió Lepp. “No importa cuál sea tu ingreso económico, nivel educativo, grupo étnico o religión; esto va más allá de todo eso, más allá del área de Phoenix, más allá del estado. Lo invade todo. No es solamente un problema en nuestros hospitales urbanos del centro de la ciudad, es también un problema en los suburbios, al igual que un problema rural”.

Carissa Denny (izquierda) y Kyla Wall sostienen a Jayden en Sally’s Place en Phoenix, un programa de vivienda residencial que pone énfasis en un tratamiento de largo plazo que va más allá de la desintoxicación y los 30 días de sobriedad. (Foto de Johanna Huckeba/Cronkite News)

Albergados en un vecindario cerca de 15th Avenue y Osborn Road en Phoenix se hallan dos conjuntos habitacionales rectangulares ubicados uno paralelo al otro. En medio de los dos hay un pequeño jardín con un corral de plástico para bebés y un toldo que cubre una mesa y algunas sillas. Cercas de hierro forjado de media altura completan el rectángulo que encierra el pequeño patio. Cuando las residentes de Sally’s Place no están cuidando de sus bebés o asistiendo a reuniones, se sientan a fumar y a conversar.

El programa de vivienda residencial pone énfasis en un tratamiento de largo plazo que va más allá de la desintoxicación y los 30 días de sobriedad. Siempre y cuando se mantengan sobrias y continúen trabajando por su sobriedad, las mujeres pueden quedarse por un periodo de hasta cinco años, lo que les da el tiempo de aprender habilidades tales como la crianza, el manejo de presupuesto y el vivir en sobriedad.

Es aquí donde Denny y su bebé viven ahora.

Mientras Denny aún estaba embarazada y recuperándose de su estancia en el hospital por la septicemia, acudió a Life Well, una agencia de atención médica sin fines de lucro que brinda tratamiento a clientes de bajos ingresos que han sido diagnosticados con una enfermedad mental grave, problemas de salud mental en general y trastornos por abuso de drogas. Más tarde fue transferida a Sally’s Place, que es administrado por el Consejo Nacional sobre Alcoholismo y Dependencia de Drogas (NCADD, por sus siglas en inglés).

Thelma Ross, directora ejecutiva de la división del NCADD de Arizona, considera a Sally’s Place como uno de los logros más importantes de la organización.

“Como sociedad tenemos que dejar de juzgar a estas mujeres y debemos comenzar a ayudarlas,” manifestó. “Si una mujer da un paso adelante y atraviesa esa puerta diciendo, ‘Estoy embarazada y necesito ayuda,’ nunca deberíamos cerrarle la puerta en la cara; deberíamos abrírsela, darle la bienvenida y apoyarla. Considero que solo una mujer asombrosa puede dar un paso como ese”.

Ross es una alcohólica en recuperación y ha trabajado en el tema de la adicción por 40 años. Ha pasado los últimos 17 años con el NCADD.

“He trabajado en este campo demasiado tiempo porque esto es generacional,” dijo. “Algo que realmente me entristeció hace unos meses fue ver al nieto de una mujer que traté hace probablemente 30 años aquí con su madre. No debería ser así. Tenemos que hacer algo para cambiarlo”.

Sally’s Place no ha sido el primer intento de Denny de recuperarse. En el 2013, se internó en el Centro de Rehabilitación Riversource en Mesa para asistir a un programa de recuperación de 30 días luego de que sus supervisores la despidieran por cabecear en su escritorio y tomar analgésicos durante sus almuerzos.

El día 25 fue expulsada por fraternizar con un hombre que también estaba en el programa. No tenía a dónde ir. Sus padres habían pagado $10,000 en efectivo para su internamiento.

“Mis padres habían pagado todo ese dinero. Eso me hacía sentir terrible”, dijo. “Sentía mucha culpa y mucha vergüenza”.

Rick Christensen es el director médico ejecutivo de Community Medical Services, un programa para el tratamiento ambulatorio de la dependencia a opiáceos en todo el estado, y tiene más de 30 años de experiencia en el tratamiento del abuso de drogas.

“La desintoxicación no funciona para nadie, en ningún lugar, nunca. ¿Por qué no? Porque, cuando terminas el programa, el cerebro no vuelve a la normalidad. Y lo que te indica que tu cerebro no es normal es el deseo de consumir,” explicó Christensen. “Ese deseo se origina en la misma parte del cerebro en la que se originan el hambre y la sed. Es por esa razón que las dietas no funcionan: cuando tienes hambre, comes; cuando tienes sed, tomas algo; cuando tienes deseo de consumir, consumes”.

En Sally’s Place, luego de dar a luz a Laianna, la motivación de Denny para permanecer sobria se fortaleció. Empezó a establecer relaciones con las demás mujeres y estaba creciendo en su papel de madre hasta que llegó una orden judicial.

“Tenía a una bebé de tres meses en mis brazos y tuve que entregarla al personal para poder ir a la cárcel”, nos cuenta. “Pensé, ‘Nunca más veré a esta bebé, o quizás sí, pero será cuando tenga 6, 7 u 8 años.’ También pensaba ‘Nunca me arrestan cuando estoy sobria; por lo general estoy drogada. No sé cómo manejar el estar sobria. Necesito estar drogada para esto. No sé qué hacer sobria’”.

En su audiencia al día siguiente, Denny recibió una oportunidad. Fue liberada y se le permitió asistir al resto de sus audiencias en la corte como una mujer libre. En ese momento, cayó de rodillas y agradeció al juez.

En un día cualquiera, la Prisión Fourth Avenue del Condado de Maricopa en el centro de Phoenix procesa a 400 nuevos internos. Todos y cada uno de ellos pasa un examen de drogas y, de ser necesario, las reclusas pasan una prueba de embarazo.

“Hay muchas mujeres a quienes somos nosotros quienes les informamos que están embarazadas cuando ingresan. Así que ellas ni siquiera lo sabían ni se les había ocurrido”, indicó el Dr. Jeffrey Alvarez, director de los Servicios de Salud Correccional. “Constantemente, tenemos algo de entre cinco y diez mujeres embarazadas con un resultado positivo para opiáceos cuando ingresan a nuestras instalaciones y que luego requieren de tratamiento de sustitución con metadona”.

Si las pruebas de embarazo y de uso de drogas narcóticas de estas mujeres dan positivo, entonces recibirán metadona durante su encarcelamiento, pero este no siempre era el caso.

Alvarez empezó a trabajar para los servicios de salud de la correccional del condado de Maricopa en el año 2009 como proveedor en Estrella Jail, prisión que alberga sobre todo a mujeres. Las internas que requerían de tratamiento con metadona cuando él comenzó eran trasladadas fuera de la prisión a un hospital para recibir su dosis.

“El tratamiento de opiáceos en las cárceles es realmente difícil”, manifestó Alvarez. “Me tomó dos años tratar de coordinar todos los detalles de la logística”.

En el 2010, fue ascendido a director y empezó a trabajar con la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Drogas para llevar la metadona al sistema de correccionales del estado de Maricopa.

Hoy en día, cuatro de las seis cárceles del condado de Maricopa, incluyendo las carpas, cuentan con la certificación para prescribir metadona y ofrecen consejería a los adictos.

“La cárcel es muy importante porque esta población de pacientes no está conectada con la comunidad, de forma que se encuentran como perdidos de cierto modo”, manifestó Alvarez. “No podemos simplemente mantener a los adictos en la cárcel y mantener a los pacientes aquí hasta que estén saludables nuevamente. Ese tiene que ser un recurso de la comunidad al que los conectamos. Nuestro trabajo es ser esa conexión”.

Uno de esos recursos de la comunidad es Community Medical Services, donde Christensen es director médico. Alvarez y él trabajan juntos para asegurar que, una vez fuera de la prisión, las mujeres puedan continuar su tratamiento asistido con medicamentos.

“Hace cinco años, 90 por ciento de las mujeres que iniciaron tratamiento con metadona porque estaban embarazadas regresaba a las calles”, señaló Christensen. “Ahora, 95 por ciento de las mujeres que son liberadas asisten al programa de tratamiento con metadona o al programa de tratamiento residencial. Hemos cerrado esa puerta trasera.”

La NCADD es otro socio de la comunidad que trabaja con las correccionales del condado para captar a las mujeres embarazadas que salen liberadas de las cárceles y llevarlas a programas de tratamiento residencial semejantes a Sally’s Place.

Fuera de su departamento en Sally’s Place, Denny y algunas de las demás mujeres están sentadas bajo el toldo fumando unos cigarrillos y hablando de sus bebés. Algunos niños ya tienen casi un año; otros aún están en camino.

Denny ha permanecido sobria por 17 meses y aún vive en Sally’s Place con Laianna, quien acaba de cumplir un año. Planea comenzar a tomar clases en la primavera para sacar su título universitario y luego dedicarse a la consejería sobre adicción.

Y está tratando de dejar el pasado atrás.

“No puedo aferrarme más a ello porque, si lo hago, solo me hará daño,” comentó. “Ocurrió. Lo hice. Ahora, si me aferrara a ello, solo entorpecería mi recuperación”.

Esa transición es lo que continúa motivando a Ross y a los especialistas en adicción con los que trabaja en el NCADD.

“Tengo la suerte de venir aquí y presenciar milagros”, comentó. “Tenemos la suerte de ver nacer bebés y nuevas vidas surgir, y a madres comprometerse a hacer de la vida de sus bebés una vida tan saludable y segura como sea posible”.